Los revolucionarios de la pandemia, esos que salen a la calle para reivindicar que no quieren quedarse este año sin las burbujas de Freixenet, no tienen nada que ver con aquellos del Mayo del 68 que, además de leer a Sartre, caminaban hacia la libertad (no hacia la movilidad) desde la unión cierta de trabajadores descontentos, de jóvenes de futuro incierto y ciudadanos con avales para conseguir la jubilación.

Mayo del 68, para los que apreciamos la innovación, fue un canto a la creatividad desde lemas como “La belleza está en la calle” o el “Prohibido prohibir” y, sobre todo, la revolución de la maneras de aceptar las imposiciones del poder. Con la llegada de una revolución impensable como el coronavirus se reconfirma el presagio del líder de los estudiantes Daniel Cohn-Bendit que afirmó que “ni el mundo ni la vida volverán a ser como eran“.

En este momento de incertidumbre, la banca despierta y busca nuevos modelos disruptivos que duerman a parte de su personal en la injusta e insolidaria “prejubilación” y creen nuevos entornos personalizados con los que lisonjear a su clientes/usuarios que, en breve espacio de tiempo, dejaran de tener productos y comenzarán a pagar por el uso de los servicios.

Rompen la barreras con campañas como las del BBVA en la que muestra la tarjeta de su Director de Marketing, vender un servicio ONE personalizado con la cara de Rafa Nadal desde la sede cántabra de Botín o le ofrecen 500 euros a un particular por ser cliente como hace los alemanes del Deutche Bank. Todo por tener el trozo más grande de la tarta envenenada, aunque sea a costa de fusionar sus activos con su fiel competidor mediterráneo. Son prácticas predatorias que, muy lejos de proteger al cliente sólo buscan, al mejor modo de los usureros medievales, el crecimiento por el crecimiento ofreciendo productos que el usuario no necesita.

El reverso de la moneda está en la idea de poner la Economía al servicio de las personas, eso que llaman Banca Ética. Es un modelo sencillo, la banca hace las misma operaciones pero de forma TRANSPARENTE, con un fin alejado del beneficio y la especulación: transformar la sociedad. Invierten en economía real, basan su entorno en la cooperación y crecen con valores compartidos con sus clientes. Por ejemplo, para mi un banco es ético si basa sus decisiones en la prudencia y, ante mi solicitud de préstamo, me protege y no me lo concede para no “sobreendeudarme“.

No hace falta salir de la piel de toro para encontrar a estos bancos cuyo compromiso es invertir en proyectos éticos y desarrollo sostenible que promueva el bienestar social y mejore nuestra calidad de vida. Destacan Triodos Bank, Coop 57 o Fiare banca Ética, cuyos clientes acceden al banco con una especie de militancia en financias éticas, como los arrieros del 68, e intentan descubrir un sitio donde poder cambiar la relación con su entorno basando su relación en la CONFIANZA mutua entre la entidad y su cliente.

Obviamente, en plena era COVID, el único modo es innovar como osadía para intentar acariciar al mercado: comercios de Paterna vuelven a aceptar las pesetas para fomentar las compras, nace “A Sabia”, la moneda virtual y social gallega que promueve sinergias entre personas y redes sociales o, desde Ribadeo (A Mariña), se recupera la pancha para impulsar la economía y usarse en comercio y hostelería con descuentos inmediatos del 25%.

En el 68, la imaginación no llegó al poder, como rezó Sartre, ni las guerras dejaron paso al amor. Ahora tenemos la oportunidad y el tiempo confinado necesario, como nos muestra el World Press Photo de este año, para apreciar los estragos con los que nos estamos devastando al planeta o las pérdidas, no sólo financieras, del Coronavirus.

Pero la Fotografía es también una Ventana a la Esperanza, un modo de captar el alma, un lugar en el que la conmoción y la emoción se funden. Esperanza como la que regala los últimos 50 años una ONG que, sonriendo por teléfono, ofrece sostén a personas cuya compañía es la soledad y ayudando a pasar su noche oscura en cualquier hora del día.

Esperanza como la de la foto ganadora de este año que retrata el momento en el que un joven sudanés declama un “poema de protesta“, respaldado por las linternas de los móviles de sus compañeros.

Una vez concluso, se alejó del tumulto de la revolución para llorar las víctimas de las guerra y con el deseo en su corazón de salir del boulevard de los sueños rotos, como Chavela Vargas, para sentir un día la alegría de un barco volviendo y mil campanas de gloria tañendo para brindar la noche del amor.

Hay padres tan preocupados en dar a sus hijos lo que ellos no tuvieron, que se olvidad de darles lo que sí tuvieron”.

G. K. Chesterton, el misticismo de la felicidad del último caballero andante.

Alberto Saavedra CXO imita.es Chief Exponential Officer

blog.imita.es

 

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