Los niños de mediados del pasado siglo, esos que ahora nos está arrebatando la COVID, eran, sin lugar a dudas, más creativos que sus nietos, los niños de ahora, a los que se les damos todo blanco y migado. Mientras que en estos tiempos de pospandemia, los niños juegan en casa, sus abuelos lo hacían en las calles y plazas jugados a juegos con una gran tradición histórica como la billarda, a raura, sal que te vi, guardia, borricate, la piola…

Juegos de exterior como la Rayuela que se creó en la Europa renacentista y cuya temática está basada en el libro de Dante AlighieriLa Divina Comedia“, cuyo protagonista sale del Purgatorio y quiere alcanzar el Paraíso. El jugador actúa a modo de ficha saltando de casilla en casilla a la pata coja empujando la piedra, que representa su alma, para conseguir el cielo y no caerse en el pozo del infierno.

Gracias a startups como Urban Enjoy, su colaboración con Breinco y a la realidad aumentada ya podemos ver la Rayuela convertida en “smart games” y han conseguido que los niños aprendan cooperativo jugando con la Tecnología a través de parques inteligentes. Muy lejos de otras innovaciones se queda la búsqueda de Pokémon en la España vaciada, como muestra en el documental MESETA Juan Palacios, o la falta de imaginación en épocas de confinamiento interior de Nintendo con apariciones como el Mario Kart Live Home Circuit.

Si nos centramos en el juego interior, uno de los más creativos, cuyo origen ha sido atribuido a los templarios para matar sus ratos de ocio en Jerusalén, es el Juego de la Oca. La orden del temple prohibía los juegos de dados y ajedrez pero esto no era un juego. Era un mapa criptográfico que permitía a los cristianos despistar a los musulmanes y servía como guía del Camino de Santiago a los guardianes de los lugares santos. Se basaba en los marcadores que dejaban los Maestros Constructores en las Catedrales, Castillos, Monumentos, Puentes, Cementerios…, del mismo modo que lo hacen en la actualidad las trazas de Blockchain.

El tablero del Juego de la Oca es una espiral dividida en 63 casillas que simulan la ida y vuelta del Camino de Santiago. Sin ningún ánimo de banalizar con un tema que NO ES UN JUEGO, imaginemos que estamos ya en el camino de vuelta o regreso a la nueva normalidad (la mitad del camino, a partir de la casilla 33). Hemos pasado la primera ola, las casillas de obstáculo 6 y 12 y cruzado el puente de lo desconocido a sabiendas que este paso tiene un coste o portazgo por el aprendizaje recibido.

Esa transición fue dura, lo llamamos confinamiento, y era un descanso para continuar el camino, la Posada, símbolo del descanso para reponer fuerzas y emprender de nuevo el camino con ánimos renovados. Para los templarios no era más que un retraso en la consecución de la meta y, en la era COVID, conseguir un 9 con los dados supone evitar el pozo: llegar a fin de mes, ser un asintomático solitario o conseguir una plaza de UCI en un Hospital cercano.

El gran problema lo tenemos en la casilla 31 que supone permanecer hasta que alguien nos rescate. En la era del temple simbolizaba el pecado y el perdón. No soy capaz de encontrar símil con los millones de personas en todo el mundo que se han visto obligados a dejar de mirar la estrellas, Michelin o no, y cerrar sus negocios como lo ha hecho el Restaurante ZALACAIN, creado hace 50 años y al que ya no rescata ni el mejor de los ERTE del HAMBRE.

El Laberinto, en el caso que nos ocupa, es la Torre de Babel de los políticos: la confusión de caminos físicos, comunicación e ideas. En el juego deberían de volver a la casilla 30, al camino de ida, y dejar de jugar con las vidas ajenas pero vivimos en la arbitrariedad de la Justicia ante los distintos reinos y señores que permite que muchos compañeros de juego entren en la casilla 58: la calavera, lo que supone el fin del camino con la esperanza de la resurrección.

No se necesitan lemas, ni eslóganes ni pasquines. Es tan sencillo como preservar los valores de los caballeros Templarios cuya razón de ser era proteger a los peregrinos en su viaje hacia Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela. Como sucede en la Rayuela, en ningún caso la piedra debe pararse sobre una línea, sea roja o azul, ya que, de la Tierra al Cielo, no hay fronteras ni zonas de demarcación, ni separaciones, ni descanso.

Como no hay modo de echar a los mercaderes del templo, sólo nos queda el recurso de ir pensando en tres propósitos para el 2021: asumir nuestra condición de peregrinos hacia la Gran OCA, brindar por la vacuna prometida de Mayo y, por si no llegara o llegase, pedir la santa iluminación y la sabiduría necesaria para soportar, como los soldados templarios, este prolongado asedio.

La esperanza es lo único más fuerte que el miedo”.

Suzanne Collins, entre baladas y juegos del hambre

Alberto Saavedra CXO imita.es Chief Exponential Officer

blog.imita.es

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