El idealismo, o la negación del materialismo, es aquella familia de filosofías que respaldan la primacía de las ideas por encima de la realidad que podemos percibir, es decir, un virus no puede ser real sin que haya una mente que sea consciente de su existencia. Para poder conocer una cosa hay que verla en el contexto de las ideas, el sujeto y el pensamiento.

Hay idealistas a corto plazo de la política que piensan que la supremacía china se contrarresta cerrando el grifo a aplicaciones como Wechat o Tiktok y no son capaces de ver que el caballo de batalla real de la guerra económica son esas tierras raras, muy difíciles de encontrar en estado puro, que son básicos en el desarrollo de la tecnología y en las que el gigante asiático comercializa casi el 90%.

Hay idealistas a medio plazo, a 14 días vista, que saben que la vacuna no se inyecta con la misma premura que el botón rojo de un misil nuclear, y que piden desde sus sociedades científicas a los responsables políticos que basen la gestión de la pandemia en criterios «estrictamente sanitarios» ya que tienen que ir viendo resultados cada quincena a sabiendas que la conclusiones del I Congreso Nacional COVID19 afirman que la situación actual es preocupante.

Por suerte también hay idealistas a largo plazo como Jesús Encinar que, desde Ávila y con la ayuda creativa de su madre que le quería quitar la tontería, creó en 1999 (cuando no existía Whatsapp, ni Facebook ni Google) un portal para volcar lo que se hacía desde una inmobiliaria con la única intención de no volver a vivir de nuevo el desahucio que vivió de niño, volar por libre y no tener ninguna deuda durante su vida. Así será si administra bien los 1321 millones de euros con los que le han compensado por llevar a término su sueño americano.

El éxito no se regala, y este fruto del talento castellanoleonés tiene su razón de ser en la desintermediación, ese modelo de negocio de Internet que elimina todas las intervenciones que no aportan valor a una operación, servicio o transacción y que va creciendo nunca en espiral y siempre de forma exponencial incorporando nuevos servicios.

Este modelo tiene la extraña particularidad de tener siempre liquidez al ser el pago siempre por adelantado, cobro por suscripción a los particulares y, a las inmobiliarias, por mi experiencia en el sector, les sale mejor actualizar su oferta en Idealista que montar una web propia. Quién lo iba a decir, en tiempos de coronavirus, puede incluso ayudar a confinar barrios de Madrid, si se diera el caso.

Se puede ser realista, asintomático como la COVID y contagiarlo. Si bien es cierto que, en el 2013, la directora de la OMS Margaret Chan ya denunciaba que las patentes relacionadas con nuevas cepas de coronavirus limitaban la investigación científica e impedían que los países ofrecieran protección a los ciudadanos. Hace siete años ya alertaban de que los poseedores de la patente del virus MERS-CoV (un primo-hermano de la COVID-19) no permitían a los científicos desarrollar pruebas de diagnóstico y usar el material patentado para desarrollar vacunas.

En la otra orilla, se puede ser idealista, siempre positivo como Van Gaal y sintomático y no ser capaz de transmitir la falta de evidencia ética del hecho de que una empresa privada, al margen de los mandos únicos, puede ser propietaria de un coronavirus letal. El Plan B, C y D que se plantea tampoco roza las lindes de lo lícito: las licencias obligatorias, la expropiación o un acuerdo global.

Ya no nos vale el discurso de las gallinas que entran por las que salen, ni ese «America First» del tío Gilito ni siquiera la diplomacia de las donaciones y las fundaciones. La Sanidad no se puede basar NUNCA en procesos, ni candidatos, ni protocolos.

Se trata de cuidar a las personas para que el gusano se convierta en mariposa. PEOPLE FIRST.

“La perseverancia es una cita con uno mismo en el futuro”

Gilbert Keith Chesterton, príncipe de las paradojas

Alberto Saavedra CXO imita.es Chief Exponential Officer

blog.imita.es

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