La época en la que tuvo que gobernar Herodes fue muy tumultuosa para el pueblo judío pero, a pesar de lograr el hito de reconstruir el templo de Jerusalén, eso no le sirvió para ganarse la lealtad de los antiguos israelitas. Su inseguridad le hizo cometer muchos errores como mandar ejecutar a su cuñado, matar a su madre, a su esposa Marianne o a algunos de sus hijos. Roma nunca le vió como buen gobernante pero es cierto que mantuvo la paz en un territorio muy difícil de sostener.

Sin embargo, Herodes «El grande», sin entrar en disquisiciones sobre las matanzas que relata el Evangelio de San Mateo o su fuerte odio a Cleopatra, fue un gran administrador de Roma capaz de labrar alianzas estratégicas, lo que ahora llamamos acuerdos políticos, con Marco Antonio y dar alimento al pueblo durante una hambruna. La Concordia, como decía al recibir el «Honoris Causa» Adolfo Suárez en mi querida Universidad Politécnica de Madrid, requiere de mucha memoria histórica.

Herodes, con sólo cinco cohortes romanas, consiguió Jericó para los romanos al encontrarse una ciudad abandonada tras la huída de sus ciudadanos por miedo de ese que no nos falta en los tiempos del nuevo cólera. Se han abandonado perros y gatos, y en los casos más extremos los han tirado por la ventana pero, lo que no podemos permitir, es que lancen al abismo de la incertidumbre a nuestros hijos en «colegios abandonados» de medios sin diseñar, con mucho cuidado como dice Fernando Simón, un Plan estratégico que incluya todas las contingencias.

Los Lunes de Septiembre no habrá Milagro como decía Berlanga, y nuestros niños volverán a su particular guerra, sin fases previas de desescalada (al ser seguidores de Bob Esponja no necesitan adaptarse a los cambios por etapas). Lo harán como en la legión, en cohortes educativas, según han dictaminado nuestros centuriones de turno. Al parecer, eso provocará un efecto burbuja que espero que no tenga nada que ver con la crisis del ladrillo.

Los que están en la Tarima del Congreso y del Senado argumentan que los colegios ya han pasado por su desescalada: desinfección de los centros en fase I, abrir para tareas administrativas en fase 2 y, en la fase III, cada legionario autonómico elige si desea que sus Maestros dejen las videoconferencias para reunirse en el centro para concelebrar el Consejo Escolar.

Un colegio no es una tienda de ultramarinos ni nuestros hijos latas de conservas que se pueden colocar en una estantería de cualquier manera aunque sea con distancia de seguridad y lleven mascarilla de serie. Estimo que, ante la pandemia, tendríamos que retomar la antigua costumbre de «pedir la vez» y pedir CONSEJO ESCOLAR, como se ha hecho en otros sectores como la automoción o el turismo, a todos los implicados: los Maestros, a los Padres, a los Pediatras e incluso a esos abuelos que vivieron en la época de Suárez. Todos ellos no necesitan evidencias científicas, NECESITAN CERTEZAS.

Un plan de este calado, o de este colmado si seguimos hablando de badulaques, no se puede improvisar. Los que trabajamos en Innovación usamos Pruebas de Concepto que nos ofrecen conclusiones para diseñar un producto o servicio mejor. Además, nos permiten evaluar el éxito de estas ideas de productos nuevos antes de su comercialización. Las pruebas de concepto evalúan el concepto principal a través de un boceto o incluso una maqueta del producto con los que se mitigan los riesgos financieros del fabricante. Es necesario hacer pruebas que aseguren que el sistema funcionará correctamente en el nuevo entorno, en la nueva «anormalidad».

En imita usamos nuestra método Kaizen para vigilancia tecnológica y considero que es oportuno para dar luz a esta problemática. Observemos las pruebas que han hecho otros países tan solventes, al menos, como el que nos ha visto nacer. El mes pasado en Francia, abanderada también como nuestra Coalición de Gobierno de la libertad, fraternidad y la igualdad, tuvo que cerrar 70 escuelas de primaria por la detección masiva de casos. Israel, mi país fetiche en Innovación y regido ahora también por una coalición de conveniencia, ha lanzado otra simulación educativa que le ha llevado a tener 16.000 estudiantes y profesores en cuarentena.

Los expertos mediáticos hablan de rebrote estacional para Otoño pero hay tres cuestiones que, aunque deberían de ser obvias, conviene analizar: en otros virus como el de la gripe común los niños son super-propagadores, el coronavirus evoluciona y no sabemos la zepa que nos tocará en Septiembre y, por último, las clases no dejan de ser reuniones de grupo y, aunque tengamos ventura y sean inmunes, pueden traer el problema casa lo que puede conllevar un «rebrote colegial».

En el escenario menos bueno, la solución no la ofrecemos los Consultores estratégicos, ni los Asesores políticos de cabecera ni siquiera los filósofos de los que tanto habría que tirar en esta época. Nos la ofrecen personas sensatas como el Conserje del colegio de mis hijos que aboga por volver al horario diurno-vespertino, aumentar el profesorado, disminuir las ratios, monitorizar el riesgo por compartimentos, eliminar clases opcionales, un plan de digitalización serio y, sobre todo, SENTIDO COMÚN.

No se puede dejar semejante responsabilidad a las Jefaturas escolares y a los profesores para que, con sus escasos medios y armados de «buena fe», preparen sus centros para la batalla del regreso a clase. Supongo que los que tienen que escribir las normas no han podido convivir con niños y desconocen la imposibilidad del medio metro de distancia, la complicada acústica de dar clases en un patio o la dificultad de una continua desinfección de un aula que garantice las condiciones sanitarias.

Hasta ahora, las vidas de los niños se organizaban en función de las de los adultos. Quizá sea el momento de darle la vuelta a la tortilla.

Para esta ODISEA de la vuelta al cole no valen chapuzas. Con los niños ni se juega, ni se discute, ni se negocia.

Busquemos un lugar común que sea el mejor sitio para su recreo.

“Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven.”

José Saramago. Ensayo sobre la ceguera.

Alberto Saavedra CXO imita.es Chief Exponential Officer

blog.imita.es

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