El Bien Común, como su propia acepción indica, es aquello que es susceptible de ser gozado por todos y cada uno sin privilegios de clase, ni posición social, ni estatus económico. La idea fue ya sustentada por Platón para mostrar el camino al gobernante que debe de ser sabio, guardián del estado y capaz de distribuir equitativamente lo que a cada uno le corresponde.

Este Bien Común abarca todas esas condiciones de los seres humanos, de las familias y de los grupos sociales que le permiten lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección. Esta concepción no es la suma de los bienes de cada uno, eso es indivisible, sino que afecta a todos mediante la transparencia por parte de cada uno, la confianza al modo Blockchain y, como indicaba la Iglesia católica en su doctrina social, supone poner en el centro a la persona como el sujeto, la raíz, el principio y el fin de toda la vida social.

En esta era gobernada por lo que yo denomino «nueva Economía de las Apps«, nacen iniciativas como la aplicación Too Good To Go, que nació con el propósito de evitar el desperdicio de comida y ahora quieren poner su granito de arena en estos tiempos de lucha ayudando al comercio local. Con este fin ha lanzado un servicio temporal y sin ánimo de lucro que los usuarios puedan comprar packs semanales con alimentos básicos, que es lo que valoramos ahora en nuestro rincón tranquilo.

Del virus nos salvamos poniendo nuestra cara más solidaria, como la que han puesto un grupo de restauradores que han creado Food For Good Bcn con el objetivo de cocinar y dar más de mil menús diarios a personas sin hogar de Barcelona a las que suelen dar apoyo el equipo de Arrels, #Food4heroes de Madrid que distribuyen comida de forma gratuita a los sanitarios de cuatro Hospitales para darles ese ánimo que sólo brota desde el arte culinario o la app ¿Tienes sal?, inspirada en la plataforma Nextdoor alemana que tiene el objetivo de poner en contacto a los vecinos con la pretensión de recuperar la fuerza de las redes de los pueblos de antaño.

Hasta «Las Naciones Unidas» han lanzado un concurso Global Call to Creatives junto a Talent House, para que profesionales presenten ideas que ayuden a transmitir mensajes clave en la lucha contra el coronavirus. La ONU asegura que necesita la ayuda de la comunidad creativa como respuesta unificada con el objetivo de salvar vidas, proteger los recursos y cuidarnos unos a otros bajo el lema“No es demasiado tarde. Nadie puede hacerlo todo, pero todos podemos hacer algo”.

Dice su Secretario General, António Guterres que se trata de una situación sin precedentes, donde las reglas normales ya no aplican. En Innovación estamos habituados a trabajar así usando técnicas no habituales en tiempos inusuales. Por ejemplo, las que tenemos que utilizar las PYMEs para hacernos visibles a pesar de tener la puerta cerrada. Puede ser tan sencillo como adornar el escaparate como si fuera Navidad para que alguien, cuando pase, guarde a nuestra tienda como recuerdo confinado, aunque d.c. le tengamos que poner un nuevo nombre comercial.

Las reglas normales ya no aplican, tenemos que tomar el timón del futuro en nuestras propias manos. Se agradecerá la ayuda de Papá/Mamá Estado con medidas rápidas sin «burrocracia» o con ungüentos financieros para superar la crisis, pero eso será siempre «pan para hoy y hambre para mañana«. Una pandemia no era algo que ninguno tuviéramos contemplado en nuestro Plan de Negocios.

En esta batalla nadie tiene galones y hasta negocios de alto rango se han visto contagiados con el virus gracias a la creatividad del director publicitario Tovrljan que ha rediseñado sus logotipos con gran mérito. La mítica sirena de Starbucks viene con mascarilla incorporada, los anillos olímpicos guardan la prudencial distancia de seguridad y la NBA se pasa al teletrabajo.

Pero la lección magistral de creatividad la ha dado Bankinter con su anuncio en la que por primera vez un banco ve el dinero como lo ven sus clientes: «El dinero es cobarde y contagia sus temores. Es esfuerzo. Lo difícil que es ganarlo y lo sencillo que es perderlo«. Es una clara demostración de que si mezclamos una urraca y un cerdito, sólo nos puede salir una hucha.

El virus supone un golpe de estado a todo lo establecido pero este Sancho Panza con corona no podrá gobernar nuestra ínsula. Lejos de conseguir aislarnos, ha conseguido el efecto contrario y, como muestra, un grupo de profesionales, entre los que me incluyo, no nos hemos quedado inmóviles al borde del camino. Nos hemos unido en una comunidad tecnológica, social e innovadora de impacto internacional #innovacionfrentealvirus, para aprender de la crisis durante la crisis, con las manos en la masa madre y no esperando a ese día después que ya traerá sus propios afanes.

No olvidemos que el realismo mágico no es contemporáneo, lo inventó el Quijote. Nos enseña que la lucha contra este molino invisible no consiste en ver sus aspas como si fueran reales sino en vivir nuestra realidad como si fuera mágica.

Con esa visión han creado «cajeros automáticos» de arroz para que los vietnamitas se puedan abastecer gratis durante la pandemia.

No hay nada imposible, hay caminos que conducen a todo.

“Es simple: solo haz que ocurra.»

Didier Diderot

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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