Digan lo que digan los demás, este virus no es un castigo divino para pagar por nuestros pecados, ni el peaje a pagar por el mal uso y disfrute que estamos haciendo del planeta ni tampoco un plaga científica que se pueda explicar con las leyes de causas y efectos. Bajo esta premisa, la COVID será, sin lugar a dudas, un escarmiento en el sentido semántico de aprender de la experiencia propia y ajena para evitar caer en los mismos errores y avisar del riesgo a las futuras generaciones.

No somos los primeros que hemos pasado por aquí: la Peste Negra, la Plaga de Justiniano, la Gripe Española, o la más reciente Gripe Porcina. De hecho, el primer tratado de prevención de la Muerte negra está hecho por un médico español de Lérida, Jacme d’Agramont, en 1348. Incluía medidas que nos resultan familiares como el confinamiento, la desinfección, la limpieza de calles, la ventilación de las calles y de las casas.

Escribe Jared Diamond que todas esas plagas tienen algo en común: los gérmenes y las infecciones han dado forma a la humanidad. Dejando a un lado esas causas que propagan esos falsos profetas que pescan en las redes sociales, aprovechemos la fortuna de vivir en el Siglo de la información para convertir los datos en Conocimiento. Desde la humildad, lo haremos desde la observación histórica con el fin de sacar lecciones e intentar establecer buenas prácticas.

Los efectos de una pandemia no son previsibles, como no lo es ninguna guerra, pero la recesión económica nos tocará a todos. Por supuesto habrá sectores como la investigación, el farmacéutico o servicios sanitarios que crecerán y aumentaremos el consumo de productos de producción agrícola y ganadera (además se reducirán los salarios).

Los poderosos seguirán donando fondos, más que por miedo a enfermar, para mantener su status mercantil conocedores de que en las pandemias de la Historia SIEMPRE se han modificado de algún modo el desequilibrio inherente entre ricos y pobres. Las jerarquías de autoridad se irán diluyendo hacia un orden global de redistribución social en el que no mandará nadie y obedeceremos todos como ha sucedido en el último acuerdo europeo. Se acabará el darwinismo social de la supervivencia del más acaudalado y se dejará de ver con buenos ojos el sacrificio mortal de nuestros abuelos por el bienestar de sus nietos.

En este mundo global, la curva que hay que doblegar ya no será doble, sino triple. Además de aplanar la curva económica con contención (aplicando la experiencia de epidemias modernas como el ébola, la cólera o la fiebre de Lassa) y blindar con medidas fiscales y económicas la de la recesión, tendremos que tener en cuenta la recesión emocional y social (esa curva de campana de Gauss que nos llevará hacia la normalidad).

En esta nueva era d.c. (después de la cuarenta), nacerán alianzas inéditas e impensables hasta ahora para seguir controlando la curva de infectados (como la de Apple y Google que facilitarán una app a los gobiernos para ofrecerles información sobre la exposición al virus de cada ciudadano). No habrá un stop completo del consumo o de la producción pero si entraremos en un modo «ceda el paso» o «standby» con una franja imaginaria entre nuestra zona de seguridad y el mundo exterior.

El ilerdense D’Agramont también se refería hace 700 años en su tratado a la importancia del buen ánimo para derrotar a la enfermedad. “Creía en una predisposición positiva de los afectados por superar la enfermedad y recomendaba que no se tocaran las campanas a muerte para no desmoralizar a la población”. Este ánimo solidario se percibe en la Inteligencia colectiva que ha despertado la Covid con un impulso colaborativo mundial tan contagioso como el propio virus y que ha cambiado por completo el modo de hacer Ciencia. Revistas prestigiosas, como ScienceNature  y The Lancet, han abierto el acceso a publicaciones sobre la enfermedad. No es descabellado pensar que podemos estar creando una vacuna que se registre con una patente universal…

Por desgracia, hasta el año que viene por lo menos, no estará disponible en nuestros Centros de Salud pero, como por fin hemos aprendido que los fuegos se apagan en invierno, un equipo internacional, con participación del CSIC, ha aprovechado las lecciones de la Historia del SARS-CoV-2 para reutilizar el Conocimiento adquirido. Han comenzado un proyecto que permitirá transferir el genoma de la futura vacuna a la planta «Nicotiana Benthamiana» con el fin de producirla a gran escala.

La COVID es el EScarmiento entendido como despertar del delirio de omnipotencia del ser humano (Quid hoc ad aeternitatem). Igual que hubo un antes y un después en la llegada de Jesús de Nazaret, el virus es un punto de fuga. Por un lado se contempla sufrimiento pero también nos muestra cada día un Informe de datos a tiempo real que nos recuerda la fragilidad de nuestra vida, que todos somos necesarios pero no imprescindibles y que, para cuidarnos como humanidad, lo que realmente funciona no es la Ciencia ni la Tecnología, sino unirnos como personas.

La enfermedad nos ha convertido a todos en protagonistas de la Odisea, nos hemos convertido en la imagen de Telémaco, esperando frente al mar a nuestro padre a las 8 de la tarde, mirando hacia el horizonte con la ESPERANZA que aparezca una señal que nos oriente.

Cuando todo esto acabe, d.c., Ulises, fiel a su paternidad, volverá a Ítaca. Entonces la Voz de uno se puede convertir en la Voz de todos, D.m., y todos regresaremos a la normalidad.

“Sabía, más por escarmiento que por experiencia, que una felicidad tan fácil no podía durar mucho tiempo..

Gabriel García Márquez
Zucchero, Pavarrotti and Bocelli – MISERERE

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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