Un viejo amigo periodista, afincado ahora en Estados Unidos por amor, con el que compartía trayecto al trabajo en Madrid, me contaba una anécdota sucedida en aquel país hace más de cincuenta años y que refleja muy bien lo que sentimos en estos tiempos raros que nos está tocando vivir.

El relato sucedió el 16 de Julio de 1969 en Cabo Cañaveral (Florida), cuando un periodista reparó en un hombre que, montado en un tractor, segaba la pradera de hierba que rodeaba el Centro espacial Kennedy. Se acercó a él y le pidió que le explicase exactamente en qué consistía su labor. El reportero esperaba los detalles técnicos sobre la técnica de corte, modos de desbrozar o si el patrón era en cuadrícula, diamante u ondas. En su lugar, el agricultor se caló su gorra de béisbol y le contestó: «Estoy ayudando a poner a un hombre en la Luna, Señor.»

Este hombre estaba trabajando mientras que Armstrong, Aldrin y Collins, como medida de precaución, tuvieron que permanecer aislados y en cuarentena después de su épico viaje a la Luna durante tres semanas. Aunque fueron sólo tres hombres la misión necesitó más de 400.000 ingenieros, técnicos y científicos para poder materializarse.

Una de estas personas fué la matemática Katherine Johnson que calculó el momento exacto en el que el módulo lunar Eagle, del que descenderían los astronautas, debía abandonar el satélite para que su trayectoria coincidiese con la órbita que describía el Columbia y pudiera así acoplarse a él para regresar a la Tierra. Otras mujeres también fueron «astronautas invisibles» de la misión participando en un programa secreto «Lovelace» para evaluar cómo se enfrentaban a las mismas pruebas que los hombres. Se demostró que trece de ellas estaban igual de preparadas que los 3 elegidos pero la estratosfera machista les negó la oportunidad. Hoy se las conoce gracias a la película Mercury 13.

En aquella época madrileña, al terminar mi formación de Teleco cursé en la Politécnica un Máster en Comunicaciones por Satélite (de esas que nos ayudan ahora geolocalizar las personas portadores del virus) y luego encontré un postgrado de pensamiento estratégico que organizaba CEPYME. No recuerdo muy bien lo que aprendimos pero recuerdo que, otro amigo de experiencia, de formación Politólogo y de oficio Consultor de Asuntos Públicos, me dijo algo que no se me ha olvidado: «El pensamiento estratégico no es más que aplicar el sentido común» (como bien es sabido, no sea el más común de los sentidos).

Vamos a aplicar esta simple regla sobre un problema macro que nos preocupa (desescalar el Estado de Alarma) añadiendo el método KaiZen de imita y la técnica de la TRL (Technology Readiness Levels). TRL lo empleamos en Innovación de forma habitual para revisar los niveles de la Tecnología y cuantificar su grado de madurez. Esta técnica nació en la NASA pero se generalizó para aplicarse a cualquier proyecto desde su idea original hasta el despliegue.

Pongamos el caso de un pueblo concreto, que conozco muy bien, pues se encuentra en la comarca donde están mis raíces. Es un pueblo hispano-luso, parte de esa España VACIADA por la que estamos luchando para que convierta en SEPULTADA, que es único porque se encuentra unido por un puente como frontera imaginaria (Río de Onor de Portugal y Rihonor de Castilla).

Hablando en términos de empresa, se trata de un supuesto de innovación radical para la generación de ideas: tiene dos iglesias, dos cementerios, dos idiomas y, ahora, un Real Decreto se ha convertido en una frontera real que dificulta lo cotidiano de sus cincuenta vecinos casi todos dedicados, como el granjero de la NASA, al ilustre oficio de llenar nuestras neveras. Desde hace tres semanas se ven en la tesitura de cumplir la ley o dejar morir a sus ovejas, vacas y gallinas confinadas en la parte portuguesa.

Hasta aquí hemos empleado el método de imita para analizar el problema y hemos llegado al TRL4 para crear un «entorno de laboratorio» en el que, por suerte, todavía no hay casos de coronavirus. Para transitar hacia el estado TRL6 tenemos que simular más problemas que nos permitan validar un «entorno relevante«. Lo haremos incluyendo a muchos de sus vecinos que tienen, al otro lado del puente, su huerto de supervivencia. Por último, para acercarnos al «entorno real» (TRL9) y buscar una solución de éxito, incluiremos a una familia de apicultores que tiene sus colmenas a poco más de un kilómetro de su hogar pero a las que llegan por un camino rural portugués.

Ahora emplearemos el sentido común. Si se trata de quince personas activas es fácil organizar en el pueblo, en modo Whatsapp, las planillas con los trayectos de cada vecino a sus fincas con la única obligación de ir a la hora fijada, en coche, con mascarilla y guantes y tocar lo menos posible la explotación. Es un protocolo sencillo, fácil de cumplir y no produce riesgos (a no ser que se descubra que hay transmisión animal).

Los agricultores y ganaderos no eligen su oficio, el campo los elige a ellos, por eso lo aman. Son gentes de bien, se puede confiar en ellos y son parte esencial, cómo muchos están descubriendo, para ganar esta batalla. Nadie se lo ha pedido, pero han colaborado desinteresadamente en la desinfección y saneamiento de nuestros pueblos con su «tractor amarillo» y, con la economía circular del mundo rural, han donado su equipo a los sanitarios ante la falta de EPIs.

Este espejo de la aldea gemela de la Raya, que Saramago veía como una metáfora de Iberia, nos refleja que. cuando el campo está listo para la siega, la cosecha no se puede perder.

Hace más de medio siglo, Richard Nixon tenía preparado un discurso alternativo en caso de que la misión Apolo 11 fracasara. Por suerte, no hizo uso del mismo pero, con el COVID no hay Plan B. Por eso tenemos que cuidar cada movimiento, separando el grano de la paja, para que el coronavirus no se enroque en nuestras vidas.

Cuando todo esto pase, recogeremos los frutos de esta siembra de clausura y disfrutaremos de esa miel de brezo de Rihonor hecha por unas abejas sanabresas que no saben de fronteras.

“El sentido común es la socialización de un sistema de defensa contra la turbación biológica producida por él mismo”.

Eugenio d´Ors». Filósofo catalán y, sin embargo, español
PASABA POR AQUÍ – AUTE Y PEDRO GUERRA

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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