Cuentan que, cuando Gandhi estudiaba Derecho en Londres, un profesor con fama de racista y apellido Peters buscaba la mínima oportunidad para desacreditarle. Sin embargo, el profeta indio de la Paz nunca tuvo que agachar la cabeza ni renunciar a sus principios.

Una mañana, en un almuerzo, el profesor le hizo la siguiente pregunta: Señor Gandhi, usted va caminando por la calle y se encuentra con una bolsa; dentro están la sabiduría y mucho dinero ¿cuál de los dos escogería? Gandhi respondió sin titubear: ¡Naturalmente que el dinero profesor! Peters sonriendo, le dijo: Pues yo, en su lugar hubiera preferido la sabiduría ¿No le parece? Gandhi respondió: Profesor, cada uno toma lo que no tiene.

Ayer, como no tengo que llevar a los niños al colegio (me remitirán sus notas por email, La vida sigue igual como decía Julio Iglesias), aproveché para trasnochar con los congresistas y descubrir que no hemos cambiado mucho desde 1951 cuando Annah Arendt escribió en «Los orígenes del totalitarismo«: «La calidad teatral del mundo político se había tornado tan patente, que el teatro podía aparecer como el reinado de la realidad.»

El CEO de España me recordó a Ghandi, no por su filosofía vital sino por su falta de compromiso ante sus «leales aliados» que le pedían que parará el mundo para ganarle tiempo al COVID-19. Mi deseo personal es que la apuesta salga bien pero, en este casino viral, la baraja no tiene ni picas ni tréboles: en cada carta está el selfie de una persona a la que en un pocos días le puede faltar el oxígeno.

Obviamente, no soy Letrado ni docto en Derecho, pero encontré una expresión latina Rebus sic stantibus que puede traducirse como «estando así las cosas«. Es un Principio del Derecho en el que procede su aplicación cuando se ha producido una alteración de las circunstancias existentes por causas sobrevenidas totalmente imprevisibles como las que nos han llevado al actual Estado de Alarma. Tiene una aplicación práctica en lo social que permite suspender todo contrato hasta que se solucione el problema así que, mientras sigan así las cosas, amparados en la Ley terrena y en la suprema, todo lo demás no importa.

Es la hora de aplicar los principios matemáticos que nos enseñaron en la Educación General Básica: El uno (1) es el primer número natural, también es el número entero que sigue al cero (0) y precede al dos (2). En nuestro caso el 1 es la SALUD de todos los españoles, el CERO el punto de no retorno en el que nos encontramos y el DOS todo lo demás. Lo que AHORA necesitan los ciudadanos se puede apreciar en la pirámide de las necesidades de Maslow y, si obviamos la autoestima y la autorealización, que ya habrá tiempo, se agrupan en tres grupos de necesidades:

  1. Básicas: las necesidades fisiológicas básicas para mantener la vida humana y la supervivencia de la especie.
  2. Seguridad: la seguridad física y la salud, mantenimiento de ingresos u obtención de recursos.
  3. Pertenencia: Confianza en el Estado y sentirse parte de la Comunidad.

Si la estrategia es no paralizar sectores como la construcción, porque se llevaría un punto del PIB en sólo un mes, ya buscaremos el modo de devolverles el lucro cesante a los promotores con iniciativas de respuesta como las que ha anunciado la Comisión Europea o rescates «a tutiplén«. Ahora el objetivo es convertir el PIB en una curva con forma de V que doblegue al virus. El confinamiento no puede plantearse nunca «con fin de lucro» porque se produce un agravio comparativo entre los que pueden y no pueden y, la JUSTICIA, es otro de las necesidades del individuo que hay que cubrir cuando se le priva de libertad.

Si la estrategia es poner la confianza en los expertos, esta semana un grupo de 69 expertos en salud pública, epidemiología, infectología, microbiología, biología molecular, dinámica y propagación de epidemias, difundió un documento en el que reclaman un «confinamiento total» de la población para frenar la expansión del COVID-19 que, al ritmo de avance actual, llevará al «colapso» de la UCIs del sistema sanitario.

Si la estrategia es tratar el problema como una guerra hay que caer en la cuenta que no es asíncrona. Por ese motivo, no es razonable esperar para reaccionar. El deber del estratega, como decía el general chino Sun Tzu en «El Arte de la guerra», es anticiparse, a pesar de que las condiciones de la batalla son muy adversas.

La estrategia, llegados a este punto, ya no es salir victorioso de la batalla sino evitar la derrota y minimizar el número de bajas. Para ello sólo hay una opción posible: intensificar las medidas de confinamiento y de restricción de la movilidad.

Ganan los que saben cuándo luchar y cuándo no. Ganaremos al virus sin entrar en batalla. Si permanecemos en nuestras casas los que no somos imprescindibles para la guerra, el confinamiento acabará «CON FIN FELIZ«.

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.”

Bertolt Brecht .

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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