El kintsukuroi o kintsugi, significa «ligazón dorada«, es un arte japonés que consiste en emplear una resina mezclada con polvo de oro para reparar objetos de cerámica rotos. Las grietas de la ruptura quedan resaltadas al juntarse de nuevo dando lugar a una pieza nueva que puede resultar, según los ojos del espectador, incluso más valiosa.

Es inevitable encontrar el paralelismo de esta técnica con las grietas producidas por el COVID-19, aluminosis que nos ha hecho unirnos como especie para sobreponernos a esta situación límite. En este momento, como ha dicho el Secretario General de la ONU, no vale con salidas antigripales a la americana, sino hay que poner la creatividad humana al servicio de la causa.

Las soluciones propuestas se cimentan en arreglar el jarrón con el barniz oro de las entidades financieras y los bancos centrales pero, si se me permite la metáfora, en el grave caso que nos preocupa, sería como intentar reparar las piezas con plastilina y, seguramente, el jarrón se volverá a romper. Debemos de aprovechar este duelo para que el nuevo jarrón reparado con Kintsukuroi sea totalmente distinto al que teníamos antes de esta pandemia.

El dolor incomoda, como decía Ernest Hemingway, nos rompe a todos, pero nos despierta y luego algunos se hacen más fuertes en las partes rotas. Esta situación no es más que una circunstancia. No es más que una prueba de la fragilidad del ser humano para demostrar nuestra capacidad de recuperarnos y reiniciar el software del planeta.

Aprovechemos el saber milenario japonés, como arte de la guerra y la resiliencia, y pensemos que el jarrón no ha sido destruido para siempre, como piensan algunos apocalípticos, sino que, a través de la alquimia, podemos reinventar el mundo y prosperar. Analicemos las tres prácticas esenciales de esta filosofía oriental para aplicarlas, con la ayuda del método kaizen de imita, al problema que nos ocupa.

La primera es hacer posible lo imposible, dejar pasar por la herida la luz: estamos viviendo que, por la gracia del coronavirus, los políticos dejan de lado sus tendencias, se liberan de sus ideas y se reafirman en la necesidad de cambio caminando hacia el MILAGRO DE LA UNIDAD.

La segunda práctica consiste en preparar el adhesivo, analizar la situación recogiendo los pedazos: el oro o la plata de la inyección económica para parchear las grietas no soluciona la aluminosis. El deseo de salud global tiene que encalar las diferencias políticas, económicas y culturales y reforzar las vigas de lo esencial para el bienestar del ser humano.

La tercera práctica esencial de Kintsugi es, el COMPROMISO en el proceso de reconstrucción, volver a experimentar cada pieza rota dentro de nosotros para poder conocer su forma, posición y sensación exactas. Para ello hay que tratar de sentir, con las manos lavadas con el corazón, que tenemos todos que hacer un esfuerzo para combinar el mantenimiento del Estado de bienestar, tan arduamente logrado por nuestros padres y abuelos, con el mestizaje que supone vivir en la aldea global.

Este hito sólo se puede lograr con un fortalecimiento de la sociedad civil que persevere en el diálogo, la alteridad y la solidaridad. Por ese motivo el verdadero campo de batalla ante esta guerra a medio plazo no se libra en los Laboratorios, ni en los Hospitales, ni en los Consejos. Se gana en la EDUCACIÓN, en la preparación de los jóvenes para que toquen la sinfonía del nuevo mundo que despierta y que sean capaces de recomponer la Alegría, la Ilusión y la Vida.

El mundo ya ha pagado con creces su Penitencia. Como Comunidad en permanente superación tenemos la obligación de regalarle una segunda oportunidad.

Estos días de cuarentena en la trinchera de nuestro hogar nos tiene que servir para transformar el duelo en ilusión, el sufrimiento en experiencia y coser la cicatriz del virus con hilos de fraternidad.

«La realidad del iconoclasta una vez más. El cielo va a resolver nuestros problemas, pero no, al menos eso creo, al mostrarnos reconciliaciones sutiles entre todas nuestras nociones aparentemente contradictorias. Todas las nociones serán eliminadas de debajo de nuestros pies. Veremos que nunca hubo ningún problema».

C.S. Lewis .

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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