Cuando sólo teníamos un «hombre del tiempo», Mariano Medina, que se acercaba a la mesa camilla de nuestros salones para presentarnos el pronóstico, basado en una ecuación lineal de segundo grado, su información era diáfana: playa sin nubes, clima templado o calor sin excesos (nada que pueda alarmar a la «inteligencia humana«.

Es curioso que, con todos los avances tecnológicos en la palmera de la mano (esa extensión que constituye nuestro «phone inteligente«), su sucesor en la televisión de todos, Martín Barreiro, ya anuncie un anticiclón o una borrasca, casi siempre utiliza una palabra en su discurso: «adverso«.

Como pueden corrobar los millones de koalas incinerados, nuestro hombre del tiempo, esta vez no se equivoca. Con la empatía del que sabe que la creación tiene parte de error y de que innovar no es acertar, estimo que no se ha realizado una buena gestión de crisis para minimizar los efectos de esta catástrofe.

En una época en la que el clima nos ofrece la oportunidad de gestionar nuestra propia vulnerabilidad basada en la incertidumbre, la solución la podemos encontrar en la boca de una mujer, con la titulación de la experiencia, cuando exclama en el refugio de un semáforo salmantino: «El hombre ha llegado a la Luna pero todavía no ha inventado un paraguas que no sé de la vuelta ante un temporal».

Su sabiduría nos muestra que, ante un problema, hay que discernir lo que es parte de la solución y lo que no lo es. Saber si el índice de humo permite a Nadal y compañía jugar el Open de Australia no salva a los kanguros de la quema. Si es tarea de todos velar por la defensa de la casa común, como derecho fundamental y no es mera propaganda, ante un suceso de esta magnitud y gravedad sólo hay una salida: parar el mundo.

Esta falta de creatividad humana se ve respaldada por los Wombats que comparten sus madrigueras con animales desplazados por escapar del fuego, como las aves lira y los wallabies, y les salvan la vida. Es el triunfo de la generosidad de la naturaleza en la que aparece un héroe inesperado que ofrece su hogar al que huye de las llamas.                

La Historia nos enseña a no cometer los mismos errores. En la Málaga musulmana, cuando los almuédanos despertaban a los vecinos de la Plaza de la Constitución con su «aláakbar» éstos les contestaban «Vale, vale, Dios es grande, pero déjame dormir«.

Ahora, en esa plaza de Málaga, hay una fuente regalo del emperador Carlos V construida con el mismo mármol de Carrara de los cuernos y las tablas del Moisés de Miguel Ángel.

De esa fuente de la Plaza del antiguo mercado brotan todos los caminos. No podemos renunciar a ese o esa agua que nos renueva todos los días.

En otra vida quizá fuéramos koalas. Ahora el mundo necesita Wombats.


«Primero se mueren por ti. Después quieren morir contigo. Al final te dejan muriendo sólo.»

Al citar a otros, nos citamos a nosotros mismos – Julio Cortázar

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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