Para los que conseguimos un título de Educación General Básica el principio de funcionamiento de una dinamo es bien conocido: es un artilugio con forma de botella que genera electricidad desde el movimiento. Opera, de algún modo, como un motor eléctrico pero al revés. No obstante, lo importante del aparato es su simplicidad y que conseguimos LUZ constante, autónoma y siempre disponible.

Si queremos abordar un tema «feo, fuerte y formal» (parafraseando a Loquillo) como es la situación de esa mitad de ambiente que nos queda, se debe de emprender con Innovación y, cuando se trata de Tecnología, como decía Vivek Wadhwa desde el valle del Silicio, tenemos dos opciones: crear un universo Mad Max o uno Star Trek. Ante los cambios climáticos, podemos ser Max y vivir en un mundo apocalíptico ansiando la supervivencia o ser el Comandante Spock y buscar soluciones sostenibles, como lo hizo al colocar sensores en el Mars Rover para encontrar rastros de vida.

En el mundo del cuidado de esa vida que nos queda en nuestra casa común no podemos dejarnos seducir por discursos apocalípticos ni integrados al modo que nos enseñó Umberto Eco. Los primeros distópicos dibujan un futuro en el que todo se diluye y sólo quedan máquinas que controlan al ser humano mediante la recolección de datos. Por otro lado, los utópicos piensan que el futuro digital será mágico y mejor creando Smart Cities sostenibles y respetuosas con el ciudadano y el medio ambiente.

Por mi parte, me quedo en el grupo de los pragmáticos, aquellos que pensamos que en el justo medio se encuentra la mitad (y la virtud) y que ese futuro mejor será bueno siempre y cuando tomemos las decisiones más inteligentes y prácticas para nuestro entorno. Buscando ese pragmatismo y, siguiendo el método atormentado de ideas de imita, analicemos algunos de los problemas en los que coinciden todos los expertos que han asistido a la improvisada «COPa del mundo» que se ha estado celebrando en Madrid (suponiendo que hay algo que celebrar).

Si el problema es que la ganadería industrial genera el 15% de las emisiones de Co2 la alternativa puede ser crear carnes vegetales como las de Beyond Meat. Si tenemos plásticos en los mares ya tenemos una enzima que es capaz de «comer» sus micro-particulas en pocos días (por cierto proviene como tantas innovaciones de un error de laboratorio). Lo de las energías renovables o la movilidad eléctrica se cura con leyes tempranas y para limitar el calor procedente del sol quizá la solución sea poner a los rayos ultra violetas en modo «as an service» (Cloud) o imitar el efecto que producen las erupciones volcánicas a grandes altitudes para hacer sombra.

Estos parches nos pueden servir para unos años pero si queremos convertir el cambio en TRANSFORMACIÓN, la clave está en tomar la iniciativa global antes de que sea demasiado tarde mediante lo que bien ha llamado la presidenta de la Cumbre «ambición climática«. La ambición pasa por desprenderse de la avaricia y establecer una Liga de las Naciones en las que cada una compita contra el resto para intentar REVERTIR unos números que asustan por su impacto.

Impacto como el que espero que tenga la campaña de WWF, que gira sobre uno de estos preocupantes números,en colaboración con el Museo del Prado, +1,5ºC LO CAMBIA TODO. Ese es el punto de inflexión que establecen los científicos para evitar los peores daños y las consecuencias impredecibles del cambio climático y no llegar a un punto de no retorno. Con una enorme creatividad nos muestran como ese grado y medio ahogaría al caballo más famoso de Velázquez (el que montaba Felipe IV), dejaría la playa de la Malvarrosa de Sorolla llena de peces muertos y, con o sin decimales, dejaría nuestro mundo «en coma».

Quizá es el mejor modo, marketiniano y emocional, de sensibilizar: a través del dolor. Este método funciona en «sociedades avanzadas» y con mentes privilegiadas como la de Donald Trump que, después de negar la existencia del cambio climático durante años calificándolo como un «invento de los chinos«, lo reconoció gracias a un informe en el que le exponían como no sólo el Koala se podría extinguir sino también la producción de chocolate, cerveza o vino como consecuencia de la subida de la temperatura, las sequías y la desertización. Por suerte este sujeto no se puede tomar como muestra para verdear la Economía y, por desgracia, le costará encontrar un planeta igual para vivir.

En la otra orilla del río nos encontramos personas que fusionan compromiso empresarial con sensibilidad climática (que son compatibles), como los fundadores de Wado, una empresa española de zapatillas sostenibles que hace compatible facturar 1,5 millones de euros fabricando en Oporto con salarios justos e igualitarios, quitando el cromo de la producción y colaborando con la ONG We Forest para reforestar bosques (por cada par de zapatillas vendidas, se plantan dos árboles). En un año de andadura, se han plantado 30.800 árboles en el estado de Meghalaya, al noreste de la India, “el lugar más húmedo de la tierra» contribuyendo al desarrollo económico de la comunidad indígena, el efecto mariposa de las pequeñas acciones.

Lo normal cuando algo se está hundiendo es achicar el agua fuera. Pero, como sucede en el caso de Venecia con el Acqua alta, la solución menos intuitiva puede ser la correcta. El costoso parche diseñado por los Ingenieros italianos que debería proteger a la ciudad hasta 2100 (proyecto Moisés) no funciona además de ser insostenible. Personalmente me seduce la propuesta para salvar Venecia de la Universidad de Padua que consiste en inundarla inyectando agua del subsuelo y, de ese modo, elevarla sobre el nivel del mar…

… Esa puede ser la solución: inundar con el agua de las mejores ideas el Planeta Tierra para elevarlo y gestar esa desinteresada REVOLUCIÓN CLIMÁTICA 5.0 que sea la dinamo de nuestro mundo.

El activista no es quien dice que el río esta sucio. El activista es quien limpia el río.

Ross Perot.

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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