La resiliencia del hombre moderno es el combate entre sus imperfecciones y lo creado como espejo de lo que somos: insectos hembra que inician el sexo arrancándole la cabeza al macho, leones que se aparean cincuenta veces al día y osos polares que son, en su mayoría, zurdos.

Pueden que no sean más que datos, información o conocimiento pero, al que lo posee, saber cuál es el brazo poderoso, le aporta el valor para salir airoso si el mamífero le ataca hambriento en el Ártico. Algo similar está sucediendo en Internet cuando ya no tiene que ver con sus orígenes (entregar información) sino que se ha convertido en una regla de tres algorítmica en la que a cada intercambio se le asigna un valor (Internet of Value).

Esta nueva Internet no se conseguirá sólo con las cadenas de bloques Blockchain sino que el verdadero valor lo aportarán la combinación de Tecnologías como lo que ya se llama, según los expertos, AIoT (Inteligencia Artificial fusionada con Internet de las cosas). Este nuevo paradigma permite acelerar al máximo la transformación digital, incrementando la productividad de los trabajadores y reduciendo los costes operativos.

En España, con nuestro retraso congénito, hemos colocado a los CEO como líderes para implantación de la transformación digital y, quizá, a la vista de que el 90% de las compañías fallan, no sea la mejor opción. El cambio cultural gracias a la varita mágica de la disrupción lo tienen que liderar todas las personas para permitir la transformación y que la empresa se reinvente aprendiendo de nuevo.

En veinte años, los trabajos de ahora estarán en su mayoría automatizados y mi hijo, que se define como «ambizurdo«, se desempeñará en una profesión que todavía no se ha inventado y quizá, el blog que ahora estoy editando, lo hago un autómata que imitará mis modos y maneras de transmitir ideas. En este contexto, los cambios se deben de planificar a largo y, si es posible, involucrar en la digitalización a todas las personas que tengan o vayan a tener alguna relación con la compañía, aunque sea mínima.

Ya no nos valen técnicas de gestión como la de Administración por objetivos (APO) de Peter Drucker, ni objetivos S.M.A.R.T, ni KPIs. Para conseguir lo complejo tenemos que usar métodos sencillos. Yo recomiendo usar herramientas plantilla como OKR (Objectives and Key Results) que ha brindado grandes éxitos a empresas como aquella que globalizó el uso de una caja de búsqueda simple.

Este sistema OKR se empezó a usar en Intel pero Google, desde que se lo presentó a sus fundadores el inversor John Doerr, no han dejado de usarlo para la mejora continua y el seguimiento del progreso de cada trabajador. El método es tan simple como marcarse un objetivo y unos resultados clave y hacerlos públicos a toda la organización para propiciar la motivación, el feedback y el reconocimiento del talento.

Desde imita siempre hemos recomendado que de nada sirve atraer el talento si no se le da la libertad para creer, crear y crecer. Libertad como la que tuvo Walt Disney creando un ratón amigable aunque tuviera pánico a los ratones o Thomas Alva Edison, que inventó la bombilla eléctrica teniendo fobia a la oscuridad.

Cuando se le ponen alas al talento, el Universo ya no es condenado a un final inapelable en el que los procesos son irreversibles sino que las cosas suceden en la dirección justa que marca el reloj de la innovación. Si miramos por fuera, nuestro cuerpo es casi simétrico, especular, complementario. Si miramos por dentro, todo cambia: por ejemplo, el hígado está a la derecha y el corazón a la izquierda.

Si regresamos al origen, al principio del desarrollo embrionario, todos los órganos aparecen en la línea media del cuerpo pero el tiempo coloca a cada uno en su lugar.

Nuestra civilización ha decidido, y ha decidido muy justamente, que determinar la culpabilidad o la inocencia de los hombres es cosa demasiado importante para confiarla a peritos especialistas. Pide luz sobre este terrible asunto, busca hombres que no sepan de Derecho más que yo, pero que puedan sentir las cosas que yo he sentido en los bancos de los jurados. Cuando desea catalogar una biblioteca o descubrir el sistema solar o cualquier otra menudencia por el estilo, utiliza sus especialistas. Pero cuando desea que se haga algo realmente serio reúne doce hombres reclutados entre los más sencillos y corrientes que andan por ahí. Esto mismo lo hizo, si no recuerdo mal, el Fundador del Cristianismo. 

G. K. Cherteston

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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