La pasada semana me invitaron a moderar un debate sobre Fintech en el Colegio de Economistas de Madrid en el marco de la presentación del libro Globalización 4.0 que se presentó bajo el lema «Descubriendo un nuevo mundo». Por resumir, se debatió sobre eso que Richard Baldwin define como convulsión globótica. No es más que percibir que la Innovación está en el aire y sólo tenemos que pararnos, respirar y disfrutar de sus beneficios.

Ese nuevo mundo es aquel en el que la automatización, la Inteligencia Artificial y la robótica van cambiando nuestra vida a pasos agigantados y en el que la disrupción digital todavía no llega a las predicciones de Ridley Scott en Blade Runner. El mensaje principal que difunde Baldwin en su libro es una invitación a preparar el cambio a naciones y a familias cuando afirma que la globalización no afecta a las cosas que fabricamos, sino a las que hacemos.

Esa mal llamada en Davos «Globalización 4.0″, trasciende el impacto económico del cambio tecnológico y, como no soy economista, difiero mucho del modo de pensar de estos profesionales que están aún en pleno proceso de descubrimiento. A mi entender, el verdadero cambio de paradigma se crea imitando a la Naturaleza, a lo creado, observando las tendencias tecnológicas y agrupándolas en una tabla periódica como nos sugiere PREFET.

Si observamos esta tabla, en la que se incluyen todas las tecnologías emergentes, podemos entrever que la única forma de llegar a resultados es utilizando las leyes de la entropía. De este modo, gracias al trabajo con el desorden y el caos, podemos llegar a conocer la peculiaridad de las combinaciones. Con este «modus operandi» nacen entidades como el AIR Institute (Fundación Internacional de Investigación en Inteligencia Artificial) que se encarga de realizar permutas y combinaciones de todos estos elementos para apoyar el emprendimiento empresarial.

Sólo así, a través al fomento de la Innovación, se consigue el progreso de la sociedad, de la cultura científica y que los ciudadanos sean verdaderamente libres.  Por ese motivo, desde imita, compartimos lo que en justicia reclama la AFIDI (Asociación Española para el Fomento de la Financiación de la I+D+i).

Invertir fondos en celebrar una cumbre del clima a nivel mundial puede servir para engañar a los votantes, pero no a la atmósfera.  Ésta celebraría con más agrado un cambio en la política de eficiencia energética que logre que, cuarenta y cuatro años después, se consiga la más necesaria de las transiciones sin tener que transportar cenizas.

Ese paso hacia un crecimiento global más equilibrado, armonioso y ordenado pasa por el respeto al Medio Ambiente (por lo menos a esa mitad que nos queda) y no seguir invirtiendo recursos en el EBITDA de la lista de Forbes. Este gran paso para la Humanidad no se consigue con el marketing de un Ministro astronauta ni reduciendo las emisiones de Co2. La solución es sencilla: transformar digitalmente el sector energético con esas tecnologías emergentes que ya tenemos al alcance de la mano.

Tan sencillo como la pintura Airlite que purifica el aire como un jardín vertical. Si en una Smart City, pintamos en un edificio un graffiti de cien metros cuadrados equivale a poner la misma superficie de bosque. Esta tecnología fotocatalítica limpia el aire usando los mismos mecanismos que la naturaleza: transforma mediante la luz las moléculas contaminadas en sales minerales inofensivas.

Tan sencillo como el disruptor de la dormancia F1rstcrop que permite a los agricultores, mediante la nueva tecnología de Symborg, la activación controlada del desarrollo vegetativo lo que les permite ser los primeros en cosechar y mejorar su competitividad.

Tan sencillas como todas las ideas  que presenta Sustainia100, un proyecto colaborativo de 151 países donde 100 nuevas historias irrumpen cada año para mostrarnos los avances en la vanguardia  de la innovación sostenible y ecológica con la finalidad de aprender e inspirarnos. 

En los debates de la pasada semana del Consejo General de Economistas si hablamos de investigación científica, emprendimiento y revolución tecnológica, cosa que no hemos escuchado en los televisivos de los candidatos y candidatas que deciden la estrategia del país. No es cuestión de hablar en campaña de Deep Learning pero si de Agenda Digital, no tienen que debatir sobre las posibilidades del 5G pero si sobre el ordenamiento jurídico PSD2, no tienen que discutir de la uberización de la economía pero sí de cómo financiamos las startups.

Comparto las impresiones de Eugenio Mallol, director de INNOVADORES, que en su artículo «Candidato, ¿sabes que es un algoritmo?» cuenta como en los años de bonanza inmobiliaria nos debatíamos entre si queríamos ser la California (base tecnológica) o la Florida europea (servicios). 

Sin lugar a dudas, sin innovación, seremos un país de servicios que venderemos las soluciones patentadas por los gigantes asiáticos o norteamericanos y nos quedaremos anclados en la nostalgia del imperio de la fregona, el chupa-chups o el futbolín

«Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras los hombres no escuchan»

Victor Hugo.

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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