Puede parecer un chiste de Chiquito de la Calzada pero van un obispo, un médico, un sociólogo y un politólogo, de esos que se dedican ahora a analizar las noches de boda de los nuestros grandes estadistas, y forman en Finlandia en 2007 un comité especial que tenía una misión imposible: sacar de las calles a miles de personas sin hogar.

Como predicamos en imita, para innovar, en ocasiones, no es necesario reinventar la rueda: basta con inspirarse en lo que tenemos a nuestro alrededor. Este comité se inspiró en el movimiento estadounidense Pathways Housing First y, para paliar el problema, no tuvo que negociar con los bancos locales un plazo en meses que constriña al ciudadano y lo condene a vivir en el sistema binario del 1 (tengo un hogar) y el 0 (duermo en la calle).

No, en Finlandia, no miran a las personas el pedigree sino que consideran que, esa maravilloso mundo que es el futuro, comineza con un manojo de llaves (justamente lo contrario que la dación en pago que ofrecen los «politopredicadores«). Los nórdicos saben que lo primero que necesitan las personas es recuperar su dignidad y, a partir de ese punto, se construye la casa. Con esta medida este gobierno espejo ha conseguido, en sólo diez años, que un 35% de sus conciudadanos ya no se acuesten ni se despierten a la intemperie.

La clave de esta idea, originaria del fundador de Housing First, Sam Tsemberis, es que el albergue o el piso compartido son parches. Al darle un lugar, la persona se convierte en miembro de la comunidad y consigue ese sentimiento de pertenencia con cosas tan simples como tener un telefonillo, un buzón o unos vecinos con los que hablar del tiempo en la escalera.

Ese sentimiento de arraigo es el mismo que funcionaba en nuestro pueblos cuando, con la mayor creatividad, le poníamos un mote a cada paisano para ejercer el control de la aldea o de la misma manera que le regalamos un apodo cariñoso a nuestra pareja para comunicarnos de forma más cercana con ella y decirle, de algún modo, a nuestro cerebro y a nuestro corazón, que somos únicos para esa persona.

Al darle una casa a esas personas, les dan la oportunidad de tener ese seudónimo o remoquete y les convierten en reyes, en protagonistas de su Historia, pasando de ser un sin techo a Carlos I, «El emperador», de un proxeneta a Alfonso II «El Casto» y de un alcohólico a José I de España.

Aprendamos a gobernar con esa forma de mirar que llaman the finnish way”, esa manera de vivir a la finlandesa que les ayuda a tomar decisiones de forma innovadora. Los ciudadanos, como diría Rosendo Mercado, prometemos estar agradecidos.

Al final y al cabo, en este mundo desigual, todos somos feriantes.

“Soy un vagabundo. ¿Qué quieres que haga? ¿Quieres que escriba sobre el sufrimiento de la clase alta?”.

Tomado de la película «El borracho».

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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