Un matemático griego, Pappus de Alejandría, observando el modo de trabajo de las abejas, observó que el hexágono es, por encima del triángulo o incluso del cuadrado, la forma de almacenar la mayor cantidad de miel utilizando la menor cantidad de cera posible.

Consideró que, en virtud de cierta intuición geométrica, la abejas eran capaces de llenar el máximo de superficie sin dejar espacios por cubrir y sin que dichas figuras se superpongan (lo que técnicamente se conoce como teselado regular). El hexágono es la clave y la cuadratura del círculo de muchas formas en la naturaleza y las abejas, como seres creadas, además de sorprendernos con la miel, el polen o la jalea real, también
saben de matemáticas.

En el siglo XXI, la innovación también se escribe en forma hexagonal. Las últimas tecnologías, como el Big Data o la Inteligencia Artificial, intentan cubrir todos los espacios con todos los datos posibles y que no escape ni una gota de miel para que las grandes marcas se anticipen a conocer los caprichos de los consumidores del futuro.

El Panal de información actual requiere muchas matemáticas para ser entendido, ordenado y analizado y que la información no se quede «ociosa» con el fin de que se convierta toda la miel en Conocimiento para las personas. Si organizamos bien ese caudal podemos ofrecer una visión única sobre tendencias, valores y destinos optimizando los servicios y ahorrando costes.

Toda esta tecnología que nos rodea no es más que Matemáticas invisibles. Si la celda está llena de miel le ponemos un uno, si esta vacía decimos que la llenamos con un cero. Ya lo dijo Galileo, «el pecador», la matemática es y siempre será el lenguaje de la ciencia. En Internet nos permite saber lo que sucede con las abejas en el panal, los comportamientos sociales del enjambre y, sobre todo, nos da los medios para organizar la colmena.

De todos modos, a veces, los intentos por conseguir la Divina proporción o la sección áurea nos alejan del resultado esperado y del encuentro con el algoritmo. El camino puede ser tan contingente como contemplar las evidencias de la Naturaleza. Este método fue el que uso Gauss cuando su maestro, buscando la paz de su aula, pidió a los alumnos que sumaran los cien primeros números naturales. El pequeño príncipe de diez años, en vez de sumar uno por uno, cayó en la cuenta que 1 + 100; 2 + 99; 3 + 98, … sumaban lo mismo: 101. Lo difícil se tornó sencillo: sumó 101 cincuenta veces, 5050, mejor dicho, lo multiplicó.

Como innovadores, tenemos que mirarnos en la sencillez y complejidad del número PI, irracional y trascendente. Convertir la suma en multiplicación como lo hizo Gauss, y convertirnos en fiel reflejo, como decía Augustus de Morgan, de ese misterioso 3,1415 que se cuela por todas las puertas y ventanas y se desliza por cualquier chimenea para encontrar la verdad.

«Y esta nuestra vida, libre de públicos predilectos, proporciona lenguajes en los árboles, libros en los huidizos arroyos, sermones en las rocas,…» William Shakesperare.

Alberto Saavedra  CXO at imita 

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