Primate

La raza humana, al igual que los primates, nace indefensa: nos lleva varios meses mantenernos sentados, con la cabeza erguida y con preparación cerebral para caminar. Nuestra distancia genética es mínima y está demostrado científicamente con experimentos como el realizado en 1931 en el que la chimpancé Gua jugaba con bebés en las diferentes etapas de su crecimiento y desarrollo.

El experimento, supongo que por miedo, se ancló en esa edad temprana pero seguro que si ahora metieramos un homosapiens con un traje en nuestra oficina no notaríamos el cambio en muchos comportamientos. Estimo, cuando menos paradójico, el hecho de que todavía haya profesionales que pongan barreras al campo de la Blockchain y las posibilidades que esta disrupción nos brinda para crear una Economía abierta. 

Hace alguna noches, tertuliando sobre las posibilidades reales de proyectos como Eurocoinpay con el Director técnico de  Protoinfo, llegamos a la conclusión de que es una Tecnología del presente y que tiene mucho futuro precisamente por la sencillez de sus algoritmos que guardan la esencia de las matemáticas clásicas: esas de los infinitos números primos.

Como buen tecnólogo, para explicar Blockchain de un modo líquido, la didáctica que empleo en mi discurso es poner como audiencia a esos abuelos que habitan nuestros pueblos y que disfrutan viendo pasar la vida en la orilla de un banco de carretera comarcal. La Blockchain, como diría Forrest Gump, es como un libro y, cada uno de sus bloques, una página. Cada miembro de la Comunidad tiene una copia en su ordenador del libro en el que se guardan, cuál cuaderno de bitácora, todos los acontecimientos de esta particular “cadena de favores“. Si yo escribo el Quijote, todos tienen una copia del hidalgo de la Mancha.

La base técnica de su criptografía es muy sencilla: el proceso de buscar números primos, bloques únicos e irrepetibles, al igual que las personas y los primates. Por ejemplo, el ADN del bitcoin, creado por Satoshi Nakamoto (Lobatón lo anda buscando), se concibió como un juego que otorga monedas virtuales por resolver acertijos complejos. El único problema es el gasto desorbitado de energía que se consume por la minería al confirmar las transacciones.

Pero, como todo lo reversible de la vida, tiene solución y probablemente nos vendrá dada, no por la desaparición de la cadena de bloques, sino por esos ordenadores cuánticos, ahora todavía de laboratorio. Estas computadoras ya no basan su funcionamiento en la lógica binaria que nos enseñaron en Ingeniería, apagado o encendido, ceros y unos, sino que crean un tercer estado adicional que forma el qubit y que permitirá grandes ahorros de procesamiento.

En esta nueva revolución industrial, se abre un nuevo escenario para los algoritmos de clave pública y privada que emplean los actuales sistemas de criptomonedas. Con 150 qubits se puede romper el algoritmo de Bitcoin pero estimo que, lejos de ser una amenaza real para estos sistema privados, puede ser un gran empuje para alcanzar un consenso regulatorio y poner a prueba los algoritmos que nos lleve a realizar la necesaria transición hacia una Economía abierta y descentralizada.

El género humano, indeterminado como la asistente de Google, es, como decía Nietzsche, demasiado humano. Somos la paradoja indefensa que comienza a caminar a partir de los 12 meses y, a la vez, los diseñadores de uno de los más crueles experimentos de la Historia de la Ciencia precisamente para investigar sobre la naturaleza del amor (Harry Harlow, década de los 50, afecto en los monos rhesus).

La clave del éxito del Blockchain es que es la Tecnología del Consenso, de la Colaboración, de la Complicidad. Otorga el poder a una Comunidad en la que todos tenemos una copia de la información veraz de nuestros vecinos y no necesitamos pagar servicios de intermediarios para que nos lo confirmen.

En este mundo, todos somos primos. Abramos las puertas al Blockchain para crear esos algoritmos de consenso que esculpan la nueva Era de la Confianza.

“Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos.” 

Friedrich Nietzsche

Alberto Saavedra

 CEO at imita      www.imita.es     

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