Hermenéutica de la Innovación

Aprovechando la oportunidad que me brinda esta tribuna de la Universidad de Salamanca, comenzaré hablando de un pequeño gran libro escrito por Oscar Wilde que se publicó en Inglaterra en 1895 bajo el título The Importance of Being Earnest. Es una comedia que trata sobre las costumbres y la seriedad de la sociedad de aquella época en la que el imperio británico era el líder del mundo occidental, no sólo en el campo ecónomico y científico, sino que los grandes pensadores y personas creativas emigraban al Reino Unido para respirar la cultura victoriana.

En esta obra de teatro, el escritor dublinés usa lo que denominamos una literatura doblada, es decir, crea dos universos divergentes, al navegar entre la hipocresía y los dobles juegos, la verdad y la mentira, entre la ficción y lo imaginado de la ficción. El “ser creativo” de Wilde ya se percibe desde el mismo título de la obra en el que divide al mundo entre las intenciones y las confusiones. En la lengua de Shakespeare, los términos “Ernest” y la palabra “earnest” (honesto) son términos homófonos, suenan igual. Sus personajes, como sucede en todas las épocas, se balancean entre la decadencia y esa duplicidad.

La honestidad se relaciona desde la Antigüedad con el comportamiento noble, al modo en que Kant afirmaba que siempre hemos de actúar según aquella máxima de la que al mismo tiempo podamos desear que se convierta en ley universal. Cuando innovamos, debemos intentar que lo que vayamos a hacer sea universal: bueno para ti, para otros y bueno para el mundo en general. En Innovación, no todo vale, y es muy importante ser franco con lo que creemos, formal con lo que creamos y serio con lo que mejoramos.

No es locura ni desatino, como decía Don Miguel de Cervantes, contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías. Por eso, sólo aporto dos consejos para ser Innovador: el primero, que cada día, al igual que hizo Oscar Wilde, debemos proveer nuestro trabajo de intuición, energía y talento para ver mas allá e intuir un futuro mejor. El segundo, es descubrir que, en la vida real, la Innovación no existe. Sólo existen personas innovadoras.

El buen innovador es un ser auténtico, original y honesto. Su compromiso radical es vivir en la frontera a la espera de que el viento sea propicio para poder navegar hacia los nuevos territorios a conquistar. Al buen Innovador le produce pasión el combate mental, la oportunidad de poner en práctica su ingenio, sus conocimientos y su experiencia y, sobre todo, poner en liza su capacidad para conectar las ideas más dispares y discutir todos los puntos de vista.

Ser un Innovador es tener conocimiento de uno mismo, de su Ser, de los valores y principios que le gobiernan. Ser honesto es ser genuino en el sentido en que, como decía Santiago Piñeirúa, creamos una obra de arte grandiosa por intuición y por nuestra manera original de ver las cosas.

Grandes Innovadores de todos los tiempos han transcendido gracias a su honestidad y respeto hacia ellos y hacia los otros, por su confianza y armonía con el entorno. El trabajo innovador conlleva observación, escucha activa y despertar los sentidos de la intuición con valentía.

La Innovación es ilusionarse con lo que hacemos, polinizar las flores que nos rodean, iluminar nuestro entorno con nuevas ideas. Es ver la vida como un camino siempre de ida, nunca de regreso, ni de vuelta, ni de retorno. Es romper con esa mínima romana que decía que “Nada hay nuevo bajo el sol” y quedarnos con la máxima egipcia que afirmaba que “Si engendras un hijo tienes que luchar cada día por hacerlo honesto”. La Locura de Innovar no es dejar para nuestros hijos el mejor de los mundos posibles, sino dejar las mejores creaciones para el mundo.

Por ese motivo, nuestra ética profesional como Innovadores tiene que estar marcada por unos principios, una forma de trabajar, una dirección que evalúe los riesgos éticos, promueva una cultura del diálogo y la transparencia y refuerce el trabajo en equipo con honestidad, respeto y confianza. Estoy convencido de que trabajar conforme a estos principios éticos y esforzarnos por hacer las cosas bien, son la clave de nuestro éxito. Como decía Michael, el fundador de la compañía Dell, “Ganar con integridad significa trabajar en forma legal y ética, en cualquier ubicación y en todo lo que hacemos”.

Al final, para ser un buen innovador, el mejor rol que podemos desempeñar en la vida es ser absolutamente honesto con uno mismo y rechazar el autoengaño. Así lo hizo Beethoven en la noche del estreno de su “Novena Sinfonía”. No le importó su sordera para dirigir la orquesta, ni el hecho insólito en Viena de arriesgar fusionando coro e instrumentos en una sinfonía, ni siquiera su excentricidad de vestir, en su gran noche, un frac verde.

Cuando concluyeron las últimas notas del “Himno de la Alegría”, la audiencia rompió en aplausos y el Maestro, con ese toque humano de los genios, siguió de espaldas marcando el compás al no darse cuenta de que la orquesta había finalizado. No obstante, el público supo reconocer lo disruptivo de la Novena sinfonía, algo que no suele suceder al principio con las nuevas propuestas innovadoras.

La Universidad de Salamanca ha sido cuna durante ochocientos años del Conocimiento, las Ciencias y la Artes. La Renovación académica de la institución pasa por romper con la especialización inspirada en el modelo de Von Humboldt (según propone el Rector Santiago Iñiguez de Onzoño) y salir de la “tercera división” de los países “moderamente innovadores”. Eso nos permitirá vestirnos de gala con el “frac verde” y tomar la batuta de la Innovación académica en Europa y en el mundo.

“Si llego a mi destino ahora mismo, lo aceptaré con alegría, y si no llego hasta que transcurran diez millones de años, esperaré alegremente también”. Hojas de hierba. Walt Whitman

Alberto Saavedra

 CEO at imita

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[Publicado originalmente en el Boletín de Empresas Amigas de la Universidad de Salamanca]

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